lunes, 15 de octubre de 2012

Nuestros productos: Carmex en tarro

Carmex nació en la cocina de Alfred Woelbing, allá por el año 1937 y desde entonces no ha variado su fórmula. Aunque sí han cambiado los formatos (se introdujeron las barras y los tubos), el tarro original sigue manteniéndose (con algunas variaciones). De hecho, el tarro original es todo un icono de la marca, un artículo totalmente reconocible en todos los lugares del mundo.


El formato original era un tarro de vidrio opal blanco, con una tapa negra y letras impresas en el envase. Las etiquetas amarillas que rodeaban al envase eran lo que lo hacían reconocible. Según el nieto de Alfred Woelbing (uno de los actuales dueños de Carmex), Paul Woelbing, se utilizó este formato porque era lo que había disponible en la época.


En 1975, el propio Paul Woelbing fue quien aconsejó a su padre y a su abuelo el cambio de packaging, abandonado la tapa negra para dar paso a una tapa amarilla con la información relacionada del producto impresa en ella. Esto les permitió colocar la marca en un lugar más visible y además, convertirse en un producto fácilmente reconocible

Hasta 1996, el envase siguió siendo de vidrio opal blanco. Pero en septiembre de ese año, Carmex decidió cambiar el material de sus envases, haciéndolos desde entonces en plástico blanco. Esto se debió a que la calidad del vidrio que recibían de sus proveedores (independientemente del lugar de origen), se había deteriorado muchísimo, hasta el punto de que Carmex debía rechazar el 50% de la carga recibida: el vidrio era tan frágil que se resquebrajaba al rozar algunas de las máquinas. Para que a los clientes no llegaran estos envases de vidrios defectuosos, tenían que comprobarlos a mano uno a uno, por lo que se ralentizaba mucho el proceso de producción.

En 2010 los dueños de Carmex, descendientes del creador original, decidieron hacer su tarro un poco más "verde" por lo que redujeron el porcentaje de plástico utilizado para su envase. Desde que han eliminado este exceso de plástico de la base del tarro, han reducido su consumo de plástico en unos 35.000 kilos por año, por lo que ahora contaminan menos. A pesar de haber reducido el plástico de la base, no han bajado la cantidad de producto ni han modificado el tamaño del envase original. Esto se debe a que las máquinas de rellenado y envasado están adaptadas a unas medidas concretas. Aunque es algo que se plantean en un futuro, de momento, la adaptación de la maquinaria no es rentable económicamente para la empresa.

A pesar de todas estas variaciones de packaging, lo que no varía es la receta original creada por Alfred Woelbing, que sigue funcionando igual de bien en nuestros labios desde 1937.


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